Esta letra responde a nuestra realidad como seres humanos y la podemos aplicar al aula. Desde mi aula, puedo mirar a los estudiantes, alcanzar que ellos me miren, provocar sus sonrisas o sus disgustos y quizás ser su profesora favorita o la que más detesten.
Nos sentimos capaces de cambiar o transformar sus vidas con el conocimiento que podemos impartir. Ser amados y respetados se siente bien, en justa medida y razón. René González nos exhorta a hacer una retrospección, a comparar nuestras vidas actuales con las del pasado.
Si nos colocamos en el inicio de nuestra vida profesional y utilizamos nuestro crecimiento profesional como marco de referencia hay que plantearse dos pilares fundamentales: el reconocimiento de nuestra humanidad frente al Dador de la vida y la necesidad de agradecerle.
Ahí les va la letra:
Llegar arriba
René González
Llegar arriba, alcanzar que te mire la gente,
provocar el aplauso de todos,
ser primero en las filas, tal vez.
Cambiar al mundo, quizás con un nuevo mensaje
que trastorne los corazones,
ser el centro de toda atracción.
Tener todo en la vida es parte del plan.
Ser amado y querido, respetado en verdad,
todo es bueno en justa medida y razón.
Miremos atrás donde todo empezó:
lo que éramos antes, lo que somos hoy.
Por qué insistir en quitarle la Gloria al Señor.
De qué te vale alcanzar lo que quieras
que te aplauda la gente, si detrás del telón
sigue sentado el Dador de la vida
esperando que un día le prestes atención.
Lo que tenemos, lo tenemos por gracia,
por su misericordia, por su inmenso amor.
Y en el momento de abrirse la cortina,
si alguno te admira, que vea la imagen de Dios.
Señor perdona si el aplauso o cualquier comentario
Me hayan movido a llevarme la gloria, mi Dios.
Te doy las gracias por tu amor y misericordia.
Me despojo de toda grandeza, mi corona yo pongo a tus pies.
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